miércoles, 4 de mayo de 2016

#ChocoEabe. Charlamos de emociones en @Eabe16 Huelva.

El viernes a las siete tuve el placer de poner la guinda a la tarta que nos hemos merendado en las tertulias con sabor a chocolate, mantenidas como parte de  las actividades propuestas en #EABE16Huelva.



¡¡¡¡Cómo no!!!! El tema giró en torno a  las emociones.

Desde aquí dar las gracias a los que han colaborado. Entre otros, @dimasml, @aserfeliz_pau, @puerto, @maculigarcia,…


  
¿Son necesarias trabajar las emociones en el aula?

La primera idea que nos une alrededor de esta merienda es la creencia de que las emociones forman parte de nuestra vida y que son experimentables tanto de forma directa como indirecta.  Algunas son innatas otras aprendidas.

Como docentes nuestra actividad laboral está inmersa en interacciones personales y esta cuestión hace necesario desarrollar una serie de competencias emocionales dirigidas como un esfuerzo de control de emociones que demanda nuestro trabajo (tanto en lo referente a expresión emocional como a la experiencia de esas emociones).

Las emociones son necesarias para tomar decisiones. Forman parte de nuestro sistema nervioso y de nuestra inteligencia. Por tanto, consideramos que las emociones van evolucionando a lo largo de la vida y que es necesario trabajarla desde la educación infantil, desde “el momento cero” como apuntan algunos de nuestros tertulianos.

Hemos hablado de emociones negativas y de emociones positivas. Todas son necesarias, no deben eliminarse ninguna. El conocimiento de las distintas emociones, tanto positivas como negativas, les ayudará a ser niños y niñas más felices. Es necesario enseñarlas, evitar emociones impide la resolución de conflictos y crea insatisfacción. El alumnado debe conocer sus emociones: qué se siente al experimentarlas, saber cuál es la emoción sentida.

Nos hemos centrado en la ira, concluyendo que no debemos erradicarla, sino llegar a que el discente sea capaz de usarla para saber dar a entender a los demás cuál es su derecho dentro de una negociación más justa. Es aquí cuando hemos hablado de la importancia de los trabajos en grupo. Esta metodología hace posible el conocimiento y la canalización hacia acciones positivas. El autoconocimiento y el autocontrol superan bloqueos emocionales. A esto último hemos de sumar la empatía.

¿Cómo podemos trabajar emociones  en el aula?

Se plantea el hecho de hacerlo como algo transversal. Otros consideramos que desde la misma materia se puede, integrándolas en el currículo. Este debe ir encaminado hacia el logro de un desarrollo total, equilibrado e integral de la persona.

Está claro que las emociones y su educación  tienen que ir más allá de la enseñanza formal; la familia y esta sociedad demandante de este tipo de educación tienen mucho que decir.

¿Qué rol juega el docente en la educación de las emociones? ¿Estamos preparados para integrarlas en nuestra práctica docente?

Entre los tertulianos se dan  dos opiniones muy contradictorias al respecto:

1.    Para unos tertulianos, una parte del profesorado piensa que es complicado salir de la zona de confort. Hay miedo por la falta de formación. El profesorado no se atreve a abandonar la idea de que se trate como un tema trasversal, y se resiste a convertirlo en una práctica diaria.

2. Otros tertulianos defienden que esta educación emocional es posible siempre que contemos con la voluntad del profesorado. Existe un amplio sector que demanda formación y que entiende la necesidad de esta educación para lograr el desarrollo integral del alumnado. Sienten la necesidad de formarse y de formar.

En lo que si coincidimos todos y todas es en el hecho de que el profesorado transmite su estado emocional al alumnado. Esto nos puede ayudar a crear un buen clima en el aula, un clima que les lleve a un estado de confianza  y seguridad.

Como hemos comentado anteriormente, el profesorado carece de formación emocional  necesaria para hacer frente a las situaciones que se nos plantean cada día.  Somos expertos en nuestra materia y nos sentimos cómodos enseñando los conocimientos de nuestra especialidad. Nos cuesta ceder espacio para trabajar algo fuera del currículo, para incorporar la enseñanza emocional. Muchas veces el trabajo de gestión emocional se hace fuera del aula, una vez surgido el conflicto, mediante la aplicación de sanciones. Pero enseñar las emociones es verlas fuera del conflicto. Las  vemos  como una oportunidad para reflexionar acerca del autoconocimiento, la autocompasión y la empatía.

¿Qué actividades son más adecuadas para trabajar las emociones en el aula?

Desde luego aquellas ligadas a una metodología activa. Trabajos en grupos. Usando el juego. Creando un ambiente de confianza y respeto, solidario y bien gestionado. Actividades que fomenten la empatía y la aceptación. Actividades que posibiliten la expresión de su propia experiencia y de sus pensamientos. Actividades donde intervengan la competencia lingüística (teatro, lecturas…) y artística. Dando al alumno protagonismo.

¿Qué técnicas resultan más eficaces?

Podemos hacerlo aplicando estrategias de convivencia positiva, y prácticas como el yoga, el chikung y el mindfulness, entre otras.

Conclusiones:
  • La sociedad del siglo XXI demanda estas enseñanzas.  
  • Es necesario el desarrollo de las emociones para crear una imagen ajustada de uno mismo.  
  • Importante desarrollar la convivencia positiva. 
  • Enseñanza integral que incluya nuestras emociones. 
  • Necesidad de fomentar las habilidades comunicativas (ayuda a expresar las emociones). 
  • Enseñar emociones es trabajarlas antes de que aparezca el conflicto, mientras que la gestión emocional nos lleva a un tratamiento una vez conocidas.

Trabajar las emociones desde la educación infantil hasta el final de la secundaria es fundamental y necesario.

Nuestro reto es buscar un espacio en el aula para enseñarlas, teniendo en cuenta que las emociones, sobre todo,  se viven….   

@camachomanrel

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